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Niega versión de Hospital mujer sobrevivió al ingerir té envenenado


20/11/2020 08:00 PM - Yomaira Del Rosario

SANTIAGO. – La mujer de 62 años que sobrevivió tras ingerir un té envenenado, negó que saliera a comprar la infusión fuera del hospital José María Cabral y Báez, y aseguró que el desconocido lo brindó a ella y a la mujer que murió envenenada, en la sala de Emergencias.

Maximina del Carmen Santos, aun con la voz quebrantada, y con dolor estomacal clamó a la dirección del hospital evitar que la mentira se siga propagando al referir sobre la versión ofrecida por el director, el doctor Bernardo Hilario Reyes, en la que éste daba cuentas de que la mujer, habría salido fuera del hospital a comprar el té que casi le arrebató la vida y mató a Martha Durán, la otra mujer a su lado a la que el hombre, aún sin identificar, le dio a tomar un té en la sala de espera de la emergencia del centro hospitalario. 

Santos narró en conversación con reporteros de elCaribe que el delincuente que perseguía envenenarla para arrebatarle sus pertenencias, estuvo dentro del hospital desde las 4:00 de la tarde del jueves, conversando sobre la palabra de Dios y de su tiempo pasado en que estuvo “descarriado”.

Dijo que el sospechoso, de por lo menos 30 y 31 años de edad, conversaba con una hijastra de ella y lo hizo con los demás en la sala durante todo ese día y la noche, porque aseguraba que un pariente suyo se encontraba en la Unidad de Cuidados Intensivos y él amanecería en el hospital. 

Al amanecer al viernes 13 de noviembre se ofreció para brindarles un té a lo que Santos respondió que, por su condición hipertensa, no podía ingerir jengibre. Al cuestionar a Durán, ésta también se negó, por lo que él salió fuera de esa área.

La mujer continúa narrando que el desconocido, regresó y les dijo que le apenaba que ellas no tomaran algo caliente por la mañana, para disipar el cansancio, pero aun así compró el té y se los ofreció.

 “Ahí él salió y viene con un vasito cervecero, tapado con una servilleta. Entonces me lo pasa a mí. Yo veo el té medio extraño y no quería tomarlo, pero para no hacerle el desaire, lo apruebo y me da como una cosa en la boca, y como que tragué un chin, y se lo paso a la otra señora y le digo si tú lo quieres tómalo tú que yo no quiero eso, eso está raro”.

 

En ese momento, la mujer comienza a sentir un intenso dolor, y su saliva es espesa y espumosa. Cuando va a perder el conocimiento escucha que una mujer grita pidiendo auxilio para que le socorrieran. Y pierde el conocimiento, dijo. 

En medio de la situación, la mujer, que antes se aferraba a su cartera, donde traía el dinero para adquirir la sangre para transfundir a su esposo, grave en la sexta planta del hospital, le robaron todo.

En su cartera estaba la cartera de su esposo con mil pesos y US$50, en su cartera RD$8 mil pesos, y otros RD$3 mil, propiedad de un pariente suyo que tenía guardados, también dos celulares y un cargador.

Maximina lamentó que la fallecida haya ingerido el té, pese a que la reacción que tuvo fue inmediata y ella no sospechó. “Miren, me dolió que ella se tomara ese té, pero como él lo trajo para las dos, yo se lo pasé. Que yo no soy culpable, que por favor a la Policía que sabe hacer su trabajo, yo espero en Dios que eso no se quede impune” comenta entre llantos y dificultad para hablar.

 “Y que al director que por favor a los del hospital, que no estén hablando mentiras, que yo no pasillé, yo nada más iba a cargar el celular donde le hacen el electro a la gente, y de ahí volvía a mi sitio, no fue afuera, yo no compré nada afuera, yo no salí” prosigue entre llanto.

 

Grave 

La familia de la sobreviviente, hacen recolectas para poder completar los RD$25 mil que necesitan para adquirir sangre para transfundir a su esposo, Silvano Rosario Vargas de 75 años de edad, a quien también deben ponerle plaquetas.

Santos teme que, por sus declaraciones, a su esposo le hagan daño, o que el delincuente, con habilidad para burlar la seguridad del hospital, tome venganza y le haga daño. “Yo tengo miedo” dice, compungida.

La pareja de ancianos, sobrevive con la venta de Hot Dog, tostadas y hamburguesas, con un carrito movible que tienen frente a la casa. Ante la condición de ambos, conseguir la comida diaria se ha vuelto difícil, comenta su hermana, Ana Bertilia Santos. 

 




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